✔ Ballota (Llanes, Asturias): una playa de cine – El viajero digital

¿Buscando la playa perfecta para este verano? No se molesten, que para eso estamos los viajeros profesionales y para eso están también los localizadores de cine, que han elegido en dos ocasiones este arenal del concejo de Llanes para rodar sendas películas. Silencio, se goza.

Habrá otras playas más guapas en el Cantábrico, pero ninguna más fotogénica que la  de Ballota: dos veces ha salido en la gran pantalla. Gonzalo Suárez rodó en ella varias escenas de El detective y la muerte (1994), película en la que un jovenzuelo Javier Bardem emergía de las espumas marinas con el traje de Adán, para gran alborozo de las Evas que llenaban las salas de proyección. Y dio el pego como isla desierta de las Maldivas en Estirpe de tritones (2008), de Julio Suárez. Desde el mirador de la Boriza, que está en lo alto del monte, se ve de cine su concha acantilada de 400 metros, su islote del Castro y, en la punta occidental, su famoso bufón, una chimenea natural que lanza el agua comprimida de las olas, como un géiser, a 40 metros de altura.

Otra curiosa playa llanisca es la de Gulpiyuri. No está en la orilla del mar (que es lo que habitualmente se espera de una playa), sino en mitad de un prado, rodeada de tierra firme por todas partes. Para más rareza, es una playa que solo tiene agua cuando sube la marea y el Cantábrico se filtra a través de la roca caliza, formando una poza cristalina. Y otro lugar de cine es el cementerio de Niembro. Tiene tres largometrajes en su currículum (no vitae, obviamente, sino cinematográfico): La señora, El abuelo y Epílogo. Y también, como la playa de Gulpiyuri, debe mucho de su encanto a las mareas, pues se halla abrazado por una ría, en una península que crece y mengua cuando bajan y suben las aguas, lo que le da un aire romántico y flotante, como de barco fantasma.

Muy cerca de la playa de Ballota (y algo más lejos, aunque tampoco mucho, de Gulpiyuri y de Niembro) se encuentra la capital del concejo, Llanes, que conserva un casco antiguo muy majo, de calles bien empedradas que huelen a sidra y a salitre, acurrucadas junto a la basílica gótica de Santa María, cuya construcción se finiquitó en 1480. Allí siguen en pie 300 metros de muralla medieval, y detrás del Ateneo modernista, un torreón que se usa como oficina de turismo. Dos lugares a los que gusta asomarse son el paseo marítimo de San Pedro, de césped, que discurre por el borde de los acantilados, y la escollera del puerto, cuyos bloques de hormigón lucen flores, animalitos y otros alegres motivos pintados por el vizcaíno Agustín Ibarrola: Los cubos de la memoria, se titula la obra.

 

 Fuente: El viajero digitalPublicado el por andrescampos

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